Es muy común escuchar cuando terminamos una sesión de natación que salimos del agua con mucha hambre, o si nos remontamos a nuestra infancia las madres nos decían que el agua agotada y daba hambre.

La realidad es que se han realizado estudios en donde quedo demostrado que hay una base científica detrás de todo ello para entender por qué nadar produce más hambre que la bici o correr.

Es cierto que al realizar actividad física, se produce un importante gasto
energético disminuyendo nuestras reservas de glucógeno en nuestro organismo, por lo tanto aparece la sensación de hambre. Además, el cuerpo tiene que encargarse de regular la temperatura y adaptarse al agua; generando que la hormona ghrelina, entre en funcionamiento.

Esta hormona favorece la regulación del metabolismo energético informando al cerebro que el cuerpo debe alimentarse.

FRIO = HAMBRE

Un estudio realizado por la Universidad de Florida en 2005, demostró que la temperatura del agua es un factor fundamental a la hora de abrir el apetito. Si bien hay estudios en donde queda demostrado que el consumo calórico por hora es similar en el ciclismo, el running o la natación, esta ultima genera mayor sensación de hambre.

Esta “apertura del apetito” se debe a que el organismo debe equiparar la temperatura interna con la temperatura del ambiente (pileta, aguas abiertas, etc). El ambiente al estar  por debajo de la temperatura corporal genera una contracción de los vasos sanguíneos del estomago lo que impiden la liberación de las hormonas que sacian el apetito.

Natacion Piza

La investigación realizada por la Universidad de Florida tomó como grupo de muestra a 11 estudiantes de entre 21 y 31 años que hicieron ejercicio durante 45 minutos en una bici estática sumergida. Un grupo realizo la actividad en agua fría, a unos 20 grados, mientras que los otros lo hicieron en agua templada a 32 grados centígrados. Después de cada sesión de ejercicio y el período de descanso, se midió la presión arterial y frecuencia cardíaca de los estudiantes. Se les dejó descansar durante una hora y comer una serie de alimentos de manera completamente libre. Sin embargo, los estudiantes no sabían que se iba a medir su ingesta calórica.

La ingesta calórica después del ejercicio en agua fría fue 44 por ciento mayor que en agua caliente. Los estudiantes consumieron una media de 877 calorías después del ejercicio en agua fría, 608 calorías después del ejercicio en agua caliente y 618 después de los períodos de descanso.

La grasa corporal, un factor favorable en la practica deportiva.

Estudios confirman que tener un porcentaje de grasa corporal más alto que en otros deportes puede venirnos muy bien  a la hora de practicar natación.

Según la investigación, tener cierta grasa corporal favorece una menor resistencia al agua. Además, la grasa no es tan densa como la masa muscular, yaporta flotabilidad.

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